María Magdalena, su nombre fue María de Magdala. Magdala está en Galilea, a mitad del camino entre Cafarnaúm y Tiberíades, a orillas del lago de Tiberíades. Cafarnaúm es una ciudad judía y populosa. Tiberíades al contrario, la residencia de los reyes helenizados, un lugar de lujo y desenfreno muy mal visto por los judíos devotos. En ese lugar había prostitución, por lo que ella quedó estigmatizada por eso.
No se tiene registro de la genealogía de María Magdalena, tampoco de su estado civil. Probablemente haya sido soltera, por eso podía viajar anunciando las buenas nuevas junto a los discípulos y el Señor Jesús. Se sabe que ella fue liberada de siete demonios, María Magdalena estaba vinculada con otras mujeres como Juana y Susana. Como leemos en Lucas 8:1-3 «Y poco después, Él comenzó a recorrer las ciudades y aldeas, proclamando y anunciando las buenas nuevas del reino de Dios; con Él iban los doce, y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, y Juana, mujer de Chuza, mayordomo de Herodes, y Susana, y muchas otras que de sus bienes personales contribuían al sostenimiento de ellos»
Jesús al liberarla de los espíritus que la atormentaban tuvo una actitud de amor hacia ella. En gratitud, María Magdalena sirvió a Jesucristo con sus bienes. Una mujer que creyó las palabras de Jesús y lo amó por quién es Él. Fue testigo de muchos milagros, fue una de las mujeres que acompañaban al Maestro donde iba. Se convirtió en una de las más devotas discípulas de aquel a quien tanto debía.
María Magdalena y otras mujeres permanecieron junto al Maestro en el momento del juicio en el palacio de Pilatos y vio y oyó a los líderes religiosos demandando su sangre, escuchó cómo se anunció su sentencia y lloró cuando vio al Señor Jesucristo crucificado. Estuvo sentada frente al sepulcro viendo cómo pusieron el cuerpo del Señor. Ella fue parte de las mujeres que encontraron la tumba vacía, presenció la resurrección de nuestro Señor. Fue a ella quien El Maestro comisionó para que diera las buenas noticias a los discípulos. Tremendo privilegio, ella amo a su Libertador con todo su ser.
Reflexionando
Tal vez como esta mujer, nosotras también hemos sido liberadas de espíritus malos, sanadas de una enfermedad tanto física o mental, quizás una depresión. O tal vez nos hemos sentido estigmatizadas como María Magdalena por donde vivimos o por lo que hemos vivido. Cristo en su amor nos ha sacado de esas prisiones, digamos como Pablo “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,” Filipenses 3:13.
En Cristo somos una nueva criatura, somos redimidas para vivir de ahora en adelante para la gloria de Dios. Somos amadas por Él con un amor muy profundo. Prediquemos de este amor derramado en nuestras vidas, muchas mujeres marginadas en los caminos errados necesitan escuchar del Salvador. Como un día a nosotras nos ha alcanzado el amor de Jesucristo, cuando más lo necesitamos Él nos permitió besar sus pies y nos promete que nunca nos dejará solas. Es tiempo de anunciar las buenas nuevas del poder de Dios para la Salvación, esforcémonos con toda fuerza para proclamar Su Palabra. ¡¡Prediquemos el Evangelio!! Hay vidas que también anhelan ser sanadas espiritual y físicamente y sobre todo salvas.