La historia de Débora se encuentra en Jueces 4 y 5. Débora viene del hebreo “Devorah” que significa “Abeja de miel”. No se sabe mucho de sus orígenes, pudo haber sido hija de padres que servían a Dios. Su hogar estaba en Betel y Ramá en la región montañosa de Efraín y estaba casada con Lapidot.
Jericó, la puerta de entrada de Canaán estaba en ruinas ya desde doscientos años. Pero pueblos nativos habían sobrevivido y con su idolatría estaba sofocando al pueblo de Israel. Es más, el pueblo de Israel estaba sufriendo opresión de parte de los gobernantes cananeos, cuyo principal guerrero era Sísara. En ese tiempo Israel contaba con una jueza y profetiza llamada Débora.
Débora tenía un poder estratégico de fe. Gran parte de Israel estaba dividido y aparentemente sin esperanza, ella se rehúsa a perder la confianza y ánimo en Dios. Convoca a Barac, y sin rodeos y seguridad le dice que “¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos?” Barac le dijo que iría a la batalla si ella la acompañaba. Débora cumplió su labor de jueza y alentó a Barac, también al pueblo a no perder la esperanza en Dios. Notemos que Débora no fue quien encabezo el ejército de Dios, si no que alentó a Barac para que se apropie de la palabra que el Señor le había dado.
Débora una mujer con una fe firme en el Señor, mostró que se puede vivir con libertad, paz y con dignidad como elegidos de Dios.
Reflexionando
Ella tenía discernimiento, era valiente pues su confianza estaba en Dios Todopoderoso, le creía a Dios.
Con esta historia, ratificamos que Dios nos diseñó para ser ayuda, ella se dispuso a ir con Barac, no miró sus circunstancias, salió de su comodidad y fue donde estaba la batalla, alentó a Barac. Ella no tomó el control.
Débora se levantó como madre de Israel, amó, cuido, alentó, fue de ayuda. Ella al momento de auto-describirse no se llamó como profetiza, jueza, líder ni ningún otro término que indican influencia o poder, sino, como madre de Israel. Madre no solo de sus hijos biológicos (si es que los tuvo) sino también de todos los hijos de Israel.
Quizá nosotras no ocupamos un puesto influyente de autoridad; sin embargo, puede ser madre para sus hijos y para los niños de su vecindario y conducirlos en el Camino correcto, el único Camino Jesús. Podemos ser madres dentro de su esfera de influencia, inspirarlos hacer lo correcto. Estemos casadas o solteras. Nosotras decidimos si nos ponemos a disposición del Señor.