Capítulo II: María La mujer que guardó en su corazón la promesa

Los especialistas no se ponen de acuerdo respecto al origen y significado del nombre María. Algunos buscan raíces hebreas, que significa “bella”, “elevada”; o bien raíces egipcias que significa “amada”.

María era de la tribu de Judá, y del linaje de David. Ella todavía era virgen cuando engendró a Cristo de manera milagrosa. Más tarde se casó con José el carpintero. María era una joven humilde, hermosa, amable de ojos cálidos y piel morena. Vivía en un pueblo considerado insignificante llamado Nazaret.

Se dice que en esos tiempos los judíos tenían habitaciones en sus casas para la oración y ella estaría ahí cuando el ángel la visitó. El Todopoderoso le había elegido para albergar en su vientre a el Salvador, el hijo del Dios Altísimo. El ángel le dijo “El Señor está contigo” Ella probablemente habría pensado: ¿“yo”? ¿El Salvador? María empezó a responder no soy casada ¿cómo sucederá esto? Se sintió tan incapaz, pero el ángel le dijo “no temas, el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Entonces María se rindió y dijo “hágase conmigo conforme a tu palabra”

María tenía una madurez espiritual, humildad, santidad, femineidad con disposición al servicio.

Entre todas las jóvenes de su época, María fue elegida para ser la madre del Salvador. No olvidemos que ella además de dar a luz al Jesucristo, fue su madre durante 30 años, hacía todo lo que una madre esmerada y esforzada realiza por sus hijos.

María era una mujer valiente, estuvo al pie de la cruz mientras la espada traspasaba el costado de su hijo. Algunos de sus discípulos abandonaron a Jesús y huyeron, pero ella nunca se rindió. Probablemente en ese tiempo ella ya era viuda, es por eso que el Señor Jesucristo le pide a Juan que tuviera cuidado de ella.

En Hechos 1:14 dice “Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.” se lee que María estuvo como discípula orando junto con las mujeres y los otros discípulos, hasta sus últimos días diciendo “Señor; hágase conmigo conforme a tu Palabra”.

Reflexionando

Dice la Biblia que María guardaba en su corazón la venida del Mesías y tenía muy presente lo que el ángel le había hablado sobre la venida de nuestro Señor. Por fin el Salvador tan esperado llegaría y la maravillosa promesa sería cumplida. Cuando ella esperaba día tras día esa promesa para su pueblo. ¿¡Habría recordado a Rut, a Ester a Débora a Moisés!?

¿Cuántas veces nos hemos sentido incapaces? En Él hay plenitud si nos sentimos incompetentes y torpes. Cuántas veces decimos: ¡Esto no es para mí! ¡No podré! ¡Estoy agotada!  Existen situaciones que nos hacen ver nuestra humanidad y que no nos dejan ver a nuestro hermoso Salvador y la magnificencia de Su Poder.  Pero hagamos como María y decir “hágase conforme a Tu Palabra” en nuestras vidas.

Falta tan poco para que se cumpla la promesa que hizo Jesús a sus discípulos. ¡Él vendrá! ¿Cómo nosotras estamos esperando la segunda venida de Jesús? ¿Estamos viviendo con la ayuda del Espíritu? ¿O estamos confiando en nuestras fuerzas? No podemos vivir a plenitud la belleza de nuestra femineidad bíblica separadas de la obra del Espíritu Santo. 

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